El tiempo entre costuras, alineación de los planetas

30 Oct

Hay ocasiones en las que todo se pone de cara. Como una alineación de planetas que hace al mundo detenerse para mirar el firmamento. Como que cinco millones de personas se sienten ante la televisión a la misma hora para ver lo mismo: “El tiempo entre costuras”. Hace años que en España ninguna serie encandilaba a tantos millones de espectadores. La historia diseñada casi de casualidad por María Dueñas y confeccionada por Adriana Ugarte ha obrado el milagro.

el tiempo entre costuras - traje de pistolas

Las ideas geniales escasean. Que una chica deje toda su vida para fugarse con un desconocido del que acaba de prendarse ha sido mil veces contado. Que una joven costurera tenga que cruzar una ciudad desconocida con un vestido de pistolas sí es extraordinario; que esa modista vista sus mensajes en código morse como patrones de alta costura ya es formidable. Y esa es la genialidad de “El tiempo entre costuras”, dotar de vida propia e intransferible a un argumento universal para conquistar a millones de lectores, y ahora de espectadores.

El filón de la novela

La serie respira como la novela de María Dueñas. No hay más trama que lo que le sucede a Sira Quiroga ni hay más voz que la de la costurera. Desde el planteamiento narrativo sabemos que estamos ante una obra diferente. Sólo importa que Sira supere el abandono y remiende su vida. Sólo hay una trama y nada de distracción. Puede ser convencional o se puede intuir el final, pero qué más da, lo que engancha al espectador es su trama aspiracional: tú quieres ver cómo esta pobre chica sale de los infiernos, remienda su corazón y llega a tener el destino del mundo en sus manos. Y la historia resulta irrenunciable si además se refuerza, como la propia autora señala, con punzadas de “una novela colonial, una novela de amor, una novela de conspiraciones históricas y políticas, y una novela de espías”.

el tiempo entre costuras

Las aspiraciones de Sira resultan tan universales que todo el mundo puede identificarse con ella. El espectador comprende su arrebato de pasión por un amor visceral, el dolor de abandonar a su madre, la fascinación por el nuevo mundo y la desdicha de verse abandonada en un lugar que le resulta inhóspito. Y Adriana Ugarte realiza un trabajo espléndido consiguiendo que sus miradas y silencios sean comprendidos como la prosa de la novela que va dando cuenta de los sentimientos de Sira. La actriz se mimetiza con el personaje para lograr que cada imagen tenga un valor narrativo. En “La señora” ya encandilaba a la audiencia; aquí asume un reto aún más mayúsculo llevando todo el peso de la historia. Si siempre es difícil ponerle rostro a un personaje literario, ahora resulta complicado ponerle una cara diferente a Sira Quiroga. Si Ugarte no hubiera estado en “El tiempo entre costuras”, ¿quién podría haber estado a su mismo nivel? Posiblemente la serie hubiera perdido esta preciada chispa.

Más allá de Sira

Alrededor del personaje principal orbitan muchos otros elementos que contribuyen a una factura final impecable. Si Adriana Ugarte está soberbia en su papel, el resto del elenco tenía que mantener el nivel. Y vaya si lo hacen. A destacar el sufrido rol de madre abandonada que encarna Elvira Mínguez. O el novio formal, un tanto sosainas pero bonachón, que logra Raúl Arévalo. O Candelaria, la segunda madre de Sira en Marruecos, interpretada por una sobresaliente Carmen Sánchez. Hasta los papeles secundarios se han mimado al detalle, como esa amiga coja que firma Pepa Rus en un cambio de registro asombroso. Por eso quizá cojea la elección del cubano Rubén Cortada para ser el objeto de deseo; sí es creíble como hombre atractivo por el que Sira pierde los papeles, pero a nivel interpretativo está unos peldaños por debajo y la decisión de doblar sus intervenciones no le hace ningún bien.

el tiempo entre costuras ugarte minguez

En una historia que discurre por el Marruecos colonial, la posguerra en Madrid o Lisboa a mediados del siglo XX, la ambientación alcanza un papel crucial. Por ejemplo, en el primer episodio Sira tiene que rendirse ante la belleza de Tánger, el esplendor de sus hoteles, sus playas… El esfuerzo de producción es enorme, pero la recreación de los escenarios iguala al imaginario que la novela proyecta en los lectores. El vestuario, importantísimo en una serie como ésta, o la fotografía elevan a “El tiempo entre costuras” a la altura de las grandes producciones internacionales.

El negocio del libro

Se nota que la productora Boomerang TV y Antena 3 han realizado una fuerte apuesta económica en este proyecto. Rodada hace un par de años, la serie cuenta con un presupuesto elevado, por encima de la media de la ficción española. No es de extrañar que la cadena esperase durante todo este tiempo para estrenar “El tiempo entre costuras”. Atresmedia necesitaba una fecha idónea, con un gran consumo de televisión y un repunte en la inversión publicitaria. De momento la serie se presenta como un buen escaparate para llegar a cinco millones de personas cada semana. Además, Antena 3 obtendrá ingresos a través de las ventas internacionales y mediante una experiencia piloto de cobrar por ver el capítulo repetido en la web, con sus pros y sus contras.

Inversiones aparte, “El tiempo entre costuras” es un espaldarazo a la imagen de marca de Antena 3. Además la cadena empieza a aprovechar las sinergias de pertenecer al gigante editorial Planeta. Si la moda literaria se mantiene, Antena 3 tiene muchos astros para alinear. Atresmedia cuenta con un amplío catalogo de best sellers que podría adaptar para la pequeña pantalla. De momento ya tiene en la recámara la versión catódica de “El corazón del océano”, también de Planeta, y está en negociaciones con Diagonal TV para adaptar “La catedral del mar”, de la casa Mondadori, como una miniserie internacional.

“El tiempo entre costuras” ha logrado recuperar las audiencias millonarias para la ficción española. En un tiempo en el que los programas de entretenimiento estaban llevándose la palma, los credenciales de esta serie de Antena 3 alcanzan una importancia vital. No hay más que ver los últimos hitos en audiencia, léase aquí “Niños robados” o “El tiempo entre costuras”, para empezar a creer que algo está cambiando en la ficción nacional.

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