Uno de los nuestros, puede ser su gran noche

6 Oct

Chema: Los miércoles son los nuevos viernes.

Ruben: Yo creía que los nuevos viernes eran los jueves.

Chema: No, qué va, para nada. Tío, si los jueves está todo petao, que no hay quien salga, hombre. Es que de hecho, los jueves son los nuevos sábados.

Ruben: ¿Y entonces qué son los sábados? Claro, claro… Si los miércoles son los nuevos viernes y los jueves son los nuevos sábados. ¿Qué son los sábados?

Pagafantas, 2009

uno de los nuestros tve

Pues los nuevos sábados son los viejos sábados. O sea, lo que eran antes: la chavalería armando bulla en bares, discotecas y calles, y en casa los adultos quejándose de que no pueden dormir y viendo la televisión. Antes los chavales tenían 20 años; ahora 14. Antes los mayores veían La primera; ahora La 1. Antes “Noche de fiesta”; a partir de ahora “Uno de los nuestros”, el nuevo gran formato de entretenimiento que aquí se viste de espectacular revisión del talent show adaptada idóneamente a los nuevos tiempos y al target específico del canal. Tras esta grandilocuente definición, ¿queda claro que es todo un acierto, no?

Fiebre por el sábado noche

Cuando parecía que el género de los talent shows musicales no podía ir más allá, se ha demostrado que la tuerca todavía admite una vuelta más. Tras las innovaciones con una selección de los concursantes a ciegas en “La voz” y con unos famosos camaleónicos de “Tu cara me suena”, el nuevo gran concepto pasa por los músicos que abandonan en el escenario al concursante. Porque todos los grandes programas se recuerdan por pequeñas, pero geniales, ideas: la ducha (“¿Qué apostamos?”), las vaquillas del pueblo (“Grand Prix”), el pozo (“Ahora caigo”), los sillones giratorios (“La voz”) o los famosos caracterizados como otros famosos (“Tu cara”). Aquí se trata de las X de los músicos de la orquesta que dejan de tocar.

Todas esas pequeñas ideas han conseguido impregnar sus programas de un toque propio e innovador. Que los músicos dejen de tocar obliga a que “Uno de los nuestros” esté protagonizado por una gran banda, que la música en directo alcance un protagonismo nunca visto hasta ahora en un talent, que los concursantes tengan un gran sentido del espectáculo, que el repertorio musical sea popular a más no poder o que el público en plató se desgañite en la platea. Se trata de elementos que redundan en un gran formato de espectáculo musical con resultado soberbio. La 1 llevaba tiempo buscando un programa de entretenimiento para el público adulto que le devolviera a la primera línea de los sábados noche y Gestmusic no terminaba de dar con la tecla adecuada en los concursos musicales tras la fallida última edición de “OT” y el desapercibido “El número uno”. Cadena y productora tienen ahora entre manos una bomba de precisión suiza, como en su día ya tuvieron aquel bombazo de “Operación Triunfo”, y están en disposición de crear uno de esos programas inolvidables de nuestra televisión.

uno de los nuestros

La orquesta que no tocó hasta el hundimiento

El pilar básico de este talent es su banda, “Los nuestros”. Desde el mismo título del programa hacen un guiño al imaginario mafioso, para después presentar a los músicos cual peligroso gánster armado con un instrumento que no dudará en dejar de tocar si lo que escucha no le gusta. Además los artistas juegan un papel destacado valorando al concursante porque por primera vez se da voz a la orquesta, explicando sus votos a favor o en contra. No son un jurado profesional, pero sí un perfil que no se ha escuchado en televisión y tienen cosas interesantes que aportar. Además esta banda se trae un punto canalla que da mucho juego.

“Los nuestros” tienen claro que buscan a un showman o una showgirl. Así que los concursantes tienen que esforzarse por crear espectáculo. Es de agradecer que no veamos de nuevo a los mismos chavales dispuestos a convertirse en el cantante de moda. Por eso aquí tiene cabida una devota gitana con mucho desparpajo que sólo ha cantado en su iglesia. Hay un “Sister act” cañí en potencia y eso, eso sería legendario. Y después también está el Raphael de Talavera de la Reina, Toledo…

A ritmo de Coyote Dax

Si el “Grand Prix” exaltaba los festejos populares de las fiestas de los pueblos, “Uno de los nuestros” va más allá y se plantea elevar las verbenas de toda la vida a la categoría de cotillón de Nochevieja en hotel cinco estrellas. Un fiestón por todo lo alto. Y como buena orquesta aquí deben sonar los clásicos. Ya se ha podido escuchar: “Sarandonga”, “Levantando las manos”, “No rompas más”, “El tiburón” o la canción que más suena en Navidad en La 1, “Mi gran noche“. Y claro, todo en un directo del que somos más conscientes que nunca.

Porque el directo tiene mucha importancia. Si a partir de los 20 segundos de actuación los músicos no aceptan al aspirante, dejan de tocar. De esta forma, el cantante o bien se va quedando solo o bien consigue que la música continúe hasta el final. Así se refuerza el componente musical y se añade emoción a cada número. Si ha conseguido que todos le acompañen hasta el final, el aspirante pasa a la siguiente fase; si todos se han detenido, es expulsado del escenario con alguna canción de despedida; si ha habido más luces verdes que rojas, el jurado propone una prueba final, una nueva canción para decidir quién continúa.

El principal problema de la mecánica de estas galas, como ocurre también en otra creación de la misma productora como “Tu cara me suena”, es que la escaleta no va in crescendo. Las pruebas finales, además de aceleradas, no resultan tan sensacionales como las que sí están planificadas en la primera parte. Una vez que han acabado las actuaciones regulares, queda la sensación de que ya se ha visto lo más importante. Ocurre porque no se persigue realizar un talent show como competición, sino más bien como gran espectáculo. No importa tanto quién pasa, sino cómo se lo ha pasado el público con él. Lo que se gana en complicidad, se pierde en emoción.

uno de los nuestros - plató

Ambiente verbenero, sí, pero en el local de moda

Mil doscientos metros cuadrados de plató y una capacidad para 500 personas en el público. Es cierto que el escenario de “Uno de los nuestros” apabulla. Y que todo se ha distribuido para que la fiesta fluya entre los asistentes. Con esa selección musical cómo va a mantenerse la gente sentada… Al margen de las gradas, un centenar de personas se colocan en sillones de la parte baja, donde pueden bailar a sus anchas. Ya han hecho la conga, faltaría más.

Desde el primer momento queda claro que el programa no va en directo. De hecho, Gestmusic juega a romper esa idea del falso directo con un montaje donde va intercalando durante el veredicto los testimonios a cámara de los concursantes. Se produce una ruptura con finalidad cómica, incluso se refuerza con efectos de sonido (lo que ahora todos llaman “hacerse un ‘Quién quiere casarse con mi hijo’“, pero que ya se utilizaba mucho antes).

La escenografía y la fotografía también contribuyen a este show. Una paleta de colores dividida entre el rojo, el azul, el negro y el dorado de las cientos de luces que imitan a las bombillas que alumbran los espectáculos de Broadway o Las Vegas ayudan a crear una sensación de teatralidad. Como ese veredicto del jurado que viaja a través de los paneles luminosos del suelo.

Juzgue con nosotros

María del Monte, Javier Gurruchaga y Roser, el jurado, de momento no tendrán demasiado trabajo en estas primeras cuatro galas de selección de concursantes. Por lo visto hasta ahora, encajan en sus papeles: Roser con un rol más técnico y María del Monte y Gurruchaga con un gran sentido del espectáculo y tirando de una larga carrera. Comanda la sala de fiestas Carlos Latre, que aquí puede hacer gala de sus imitaciones y también puede impostar algunas de sus intervenciones, y que en ambos casos sostiene bien la batuta de “Uno de los nuestros”. Tiene muy asimilado el espectáculo que debe servir al espectador.

uno de los nuestros - jurado

De momento el debut del programa ha sido bastante satisfactorio. En escena, el show ha dado sus primeros pasos de una forma muy solvente y cabe pensar que semana a semana irá puliéndose. Y en audiencias ha obtenido un 12’1% de share, el doble de lo que consiguió La 1 el sábado pasado. Al estreno no le ha faltado una polémica exenta al programa, pues ha supuesto el traslado de “Informe semanal” al late night, también conocido como segundo prime time para los programadores de TVE (o como tercer access prime time ateniéndonos a esta nueva clasificación). Aunque esto tiene la suficiente entidad como para analizarlo por sí solo. Lo cierto es que el nuevo sábado parece un lugar adecuado y una fecha idónea para el estreno. En sábado La 1 puede encontrar más fácilmente a su público objetivo de edad adulta, y ahora tiene la ventaja de luchar contra “Abre los ojos y mira”, el programa de Telecinco que todavía no acaba de asentarse, ni siquiera de definirse. El sábado podría volver a ser la gran noche de La 1.

Es muy posible que “Uno de los nuestros” siga ganando audiencia poco a poco. Quizá también los jóvenes le vayan hincando el diente a través de la web, porque el programa está hecho para gustar a un público heterogéneo, y aunque los nuevos sábados sean los viejos sábados, los domingos de siempre se llevan mejor con buen humor.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: