La habitación de Hitchcock en “Bates Motel”

21 Mar

Hay personajes que se quedan en la retina del espectador y pasan a la historia del cine. Norman Bates es uno de ellos. Y es también el motor principal de “Bates Motel”, la precuela serializada de “Psicosis” para el canal de pago estadounidense A&E. La serie viene a profundizar en la relación de Norman y su madre Norma, los auténticos protagonistas de la película de Alfred Hitchcock. Aquí los encontramos poniendo en marcha el motel de carretera, después de que el padre de la familia muriera de forma sospechosa.

bates motel simbiosis norma y norman

Norman entra en shock cuando encuentra muerto a su padre, aplastado por una estantería en el garaje. El chico busca por toda la casa el consuelo de su madre que, y aquí va el primer guiño al genio Hitchcock, está en la ducha. No es casual ni que Norma sea una rubia prototipo de la musa del cineasta inglés, ni que en su primera escena la veamos empapada y envuelta en albornoz, recién salida de un baño purgativo. Porque todo nos hace pensar que la muerte del padre no ha sido algo accidental… No se ve a Norma afectada y tampoco volverá a hablar de ello. Como confesará después a su hijo, él es la única persona que no le ha hecho daño. Toda su vida es su hijo.

Norma Bates: “Mira, todas las personas que he conocido dan asco. Excepto tú”.

Bates Motel, 2013

Ahí empieza a construirse la relación que fundamentará “Bates Motel”. Una serie que nos va a conducir por el camino del misterio, la tortura y la desdicha, hasta la “Psicosis”. Un viaje que los guionistas y creadores, Carlton Cuse (de “Perdidos”), Kerry Ehrin y Anthony Cipriano, van a hacer por el sendero que dejó marcado Hitchcock, y con la mochila que legó el maestro del suspense.

La mano de Hitchcock

La serie transcurre en la actualidad, en plena era del WhatsApp y los iPhone, pero todo lo que rodea al motel parece haberse estancado en los años 60. De hecho, al adentrarnos de nuevo en la casa de la colina, se repiten los planos que mostraba “Psicosis”, descubriendo que la mansión sigue tal cual y que el halo de misterio y terror que le rodea no ha desaparecido. También vuelven a nuestra cabeza esa silueta de la madre a contraluz en la ventana o el cuchillo de cocina que a la postre será protagonista. Sí ha cambiado el álbum familiar. Los Bates son cuatro miembros, que sepamos: el padre que acaba de morir, un hijo rebelde que abandonó el nido hace tiempo y que se lleva a muerte con su madre, Norma y Norman. Los guionistas refuerzan así la relación sobreprotectora de la madre con su hijo, que no quiere perderle como ya le ocurrió con su otro vástago. Nunca habíamos visto a Norma, pero su actitud se corresponde con todo lo que habíamos imaginado de ella. Se siente sola, desconfiada, endogámica y recelosa de cualquier persona que no sea Norman. Su personalidad marcará irremediablemente el destino de su hijo, un joven que se presenta tímido, retraído y un poco antisocial. Nos ayuda a apiadarnos de esta extraña pareja el conocer de antemano el trágico desenlace que les espera.

Norman Bates: “El mejor amigo para un muchacho es su madre”.

Psicosis, 1960

bates motel mano y cuervo

A partir de aquí hay algunos spoilers del episodio piloto de “Bates Motel” y de “Psicosis”. El final de sobra nos lo sabemos, esta relación tan sofocante como angustiosa acabará en un matricidio y un trastorno de identidad disociativo. Es precisamente esa temática parricida la que le interesa a Alfred Hitchcock para adaptar la novela “Psycho” de Robert Bloch. El director ya había explorado estos terrenos desde el principio de su carrera, como en “Valses de Viena”, donde el músico Johann Strauss es incapaz de progresar en su carrera artística por el yugo de su padre, director de orquesta que minusvalora las capacidades de su hijo. La temática amor/odio al progenitor será el principal pilar de“Bates Motel”, que irá desarrollándolo poco a poco para que comprendamos las transformaciones (y patologías) de sus protagonistas. Y para arrancar esa degeneración, la serie recurre a otros leitmotivs de Alfred Hitchcock, como son el asesinato y la culpabilidad.

El cine del director británico está repleto de muertes. Los 50 minutos del piloto de “Bates Motel” también se construyen sobre dos cadáveres. El primero, el del padre, que detona la historia. El segundo, el del antiguo dueño del motel que pretende violar a Norma y al que ésta acaba matando, sirve para unir a madre e hijo y turbar la nueva vida que acaban de iniciar. Una escena parecida lanza la trama de “La muchacha de Londres”, película que Hitchcock dirige en 1929 en dos versiones, una muda y otra sonora (la primera película sonora del cine británico). En la cinta, Alice apuñala en defensa propia a un pintor que quiere abusar de ella. Su novio se entera y se convierte en cómplice, lo que acarreará más muertes para ocultar el secreto.

En “Bates Motel” es el hijo el que se convierte en el cómplice de un asesinato (que no podríamos considerar defensa propia…, más misterio alrededor de Norma). Lo que sabemos es que Norman tendrá que cargar ahora con el crimen que ha cometido su madre, algo que el crítico Bill Krohn, corresponsal de Cahiers du cinéma, nombra como la “transferencia de culpabilidad”. Krohn lo aplica al filme “Yo confieso”, donde Hitchcock convierte en sospechoso de un asesinato al padre Logan, un cura que escucha la confesión del verdadero autor de la muerte. El padre debe guardar el secreto de confesión, aunque eso le cueste la pena de muerte.

bates motel yo confieso

En la nueva serie y en la película, Bates se convierte en cómplice de los crímenes que (en el filme, presuntamente, y en la serie, de facto) comete su madre. Esta transferencia de culpabilidad ya estaba presente en todo “Psicosis”, y como sostiene el crítico francés Jean Douchet, salpica hasta al mismo público. “El sentimiento del espectador hacia Janet (Janet Leigh, la actriz que encarna a Marion) es a la vez de envidia y desprecio”, escribe Douchet. “Una mujer que acepta la habitación de un hotel sórdido a plena luz del día, en la propia localidad de provincias donde vive, no es digna de estima. El espectador puede entregarle sus peores instintos. Entre otros, ese deseo inconsciente que en su vida no se atreve a realizar: el del robo. (…) Concretamente -¿por qué no?- que Janet Leigh se quede con el dinero (Janet roba 40 mil dólares y huye). La vemos entonces en la carretera. Un policía en moto la para. (…) Deseamos fervientemente que salga del apuro. (…) De ahí nuestro alivio cuando se detiene en el motel. Pero el lado insólito y misterioso de los lugares y el gerente del motel nos provocan una angustia sorda. (…) Perkins (actor que dio vida a Norman Bates) es como nosotros y espía a su cliente mientras ésta se desviste. ¿Qué va a haber: violación o robo? Ni lo uno, ni lo otro: peor. (…) Perkins lo arroja todo a una ciénaga de aguas viscosas y durmientes. El vehículo se hunde tan solo en parte. ‘Con tal de que el cadáver desaparezca…’, pensamos. Por fin queda del todo sumergido, definitivamente. Lanzamos un suspiro de alivio. Sentimos que las tinieblas -o nuestro inconsciente- han engullido para siempre nuestra complicidad en el robo (de Janet Leigh). Pero para ello nos hemos convertido en cómplices de un crimen… (el de Janet Leigh)”. Podemos decir que todo el capítulo piloto de “Bates Motel” se sostiene sobre esta idea: que no descubran a la pareja deshaciéndose del cadáver del antiguo propietario del motel. Norman es cómplice de su madre y nosotros, de ambos. De aquí salen las escenas mejor construidas y el mayor guiño a la “Psicosis” original.

La bomba, dentro de la bañera

Célebre es la explicación que realizó Hitchcock sobre la sorpresa y el suspense en sus conversaciones con el cineasta y crítico François Truffaut. La sorpresa es la explosión repentina de una bomba mientras dos personas mantenían una conversación; el suspense es saber que hay una bomba debajo de la mesa donde hablan y que va a estallar en cualquier momento. El director inglés siempre defendió el suspense: “En el primer caso, se han ofrecido al público quince segundos de sorpresa en el momento de la explosión. En el segundo caso, le hemos ofrecido quince minutos de suspense. La conclusión de ello es que se debe informar al público siempre que se pueda, salvo cuando la sorpresa es un ‘twist’, es decir, cuando lo inesperado de la conclusión constituye la sal de la anécdota”. Y en “Bates Motel”, los guionistas Cipriano, Cuse y Ehrin ponen en marcha estos resortes del suspense para el clímax del primer episodio.

El sheriff y su ayudante se presentan en el motel cuando Norma y Norman todavía están limpiando los restos del asesinato. El cadáver permanece en la ducha del baño de la habitación cuatro, justo donde entran a husmear los policías. Y al sheriff le entran ganas de mear… Los espectadores no queremos que vaya al servicio porque sabemos que allí está el muerto. Mediante un plano cenital, nos muestran “la bomba”: el policía está meando y en la ducha, tapado con la mítica cortina de “Psicosis”, yace el cadáver. No volvemos a ver el servicio, el director nos lleva a la habitación donde seguimos escuchando el ruido del sheriff al orinar. Y cuanto más tarda en terminar, más aumenta la tensión. Finalmente sale del baño, observa a la madre y al hijo, y se marcha. Entonces podemos respirar.

Es quizá LA escena del piloto. Una buena forma de honrar al maestro Hitchcock y poner en valor esa regla del género de terror postmoderno de que si no se puede superar al original, al menos que la fotocopia contenga una visión irónica. Aquí lo bordan.

Alfred Hitchcock presentaría…

Obviamente Hitchcock no hubiera rodado así “Bates Motel”, pero sí habría saltado a la televisión dentro de la nueva ola de ficciones de calidad desarrolladas por las televisiones de pago. Porque Hitchcock fue uno de los precursores en trabajar conjuntamente para cine y televisión. Cuando la tele comenzaba a despegar, él supo sacarle provecho con su estilo misterioso e intrigante en “Alfred Hitchcock presenta…”, donde cada semana mostraba una historia aterradora. Ahora que la ficción estadounidense está viviendo una nueva edad de oro gracias a las apuestas de los canales de pago, bajo el amparo de muchos directores de cine, seguro que Hitchcock hubiera tenido algo importante que decir en una serie.

bates motel alfred hitchcock presenta

Porque de hecho, “Psicosis” estuvo a punto de ser una película para televisión. El director se entusiasmó con la novela de Robert Bloch, pero no consiguió convencer a su estudio, Paramount, para que financiara el proyecto. Los productores creían que la historia no iba a funcionar y el cine de terror estaba considerado por entonces un género menor. Hitchcock la grabó con el equipo de televisión de Universal, con los que trabajaba en su programa para la pequeña pantalla. Incluso después de finalizar la película, barajó la idea de realizar una versión más corta para la tele. Afortunadamente, “Psicosis” llegó a los cines. Cambió totalmente el concepto del género de terror, que deja atrás a los monstruos y personajes clásicos de la literatura para asustar mediante lo más cotidiano: el vecino de enfrente, el compañero de asiento en metro, el amable gerente del motel… Cualquiera podía ser el misterioso asesino del género slasher, que empezaba a gestarse con el filme del británico. La odisea de la producción de “Psicosis” puede verse en el interesante biopic “Hitchcock”, que relata cómo eran el director y su mujer y cómo levantaron este proyecto. Una película digna de ver para cualquier amante del maestro del suspense.

Siempre quedará la duda de si Hitchcock hubiera vuelto a la televisión para renovar ahora las series contemporáneas de misterio, basadas en unas tramas horizontales conducidas por un secreto que da un número de vueltas proporcional al éxito del programa sin importarle apenas cómo abordará el final. Pero por el momento podemos disfrutar de uno de estos trabajos que cuenta con bazas para montar una buena historia de principio a fin. “Bates Motel” contiene una relación extraña, enigmática, seductora y que, gracias a las interpretaciones de Vera Farmiga (nominada al Oscar por “Up in the air” y hermana de Taissa Farmiga, de “American Horror Story”) y Freddie Highmore (el chico de “Charlie y la fábrica de chocolate”) funciona muy bien en pantalla. Lo han envuelto en un pueblo y un motel que parece que esconden algún secreto sobre abuso de chicas y drogas, una nueva carretera que pondrá en peligro el negocio familiar y un instituto que debería entroncar con alguna de estas tramas para no quedar descolgado. De momento la serie contará con 10 capítulos. Aunque si los buenos datos de audiencia continúan, es muy probable que renueve para el próximo curso. A pesar de que sepamos el final, estos Bates tienen mucho que contar, y que ocultar.

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