Way to go, o de la eutanasia a la flatulencia

9 Mar

La ficción british camina hacia la luz… Al menos con “¡Llama a la comadrona!”, una serie sobre partos que se puede ver en Telecinco desde este domingo, y con “Way to go”, una sitcom con la eutanasia como tema de fondo. Hoy hablamos de ésta última, que terminó de emitirse hace dos semanas en BBC Three. El guionista Bob Kushell alumbra aquí una serie de seis episodios con visos de alargar su vida más allá de una única temporada. En “Way to go” Scott, Joey y Cozzo, tres colegas bastante fracasados, montan un negocio de suicidio asistido para ayudar a los enfermos que buscan una muerte indolora.

way to go cartel simple

La serie se apoya en estos dos pilares: la original temática de la eutanasia y el trío de personajes principales. Y si al principio descarga el peso en los casos profesionales, va girando después hacia los líos personales de los amigos. “Way to go” no es una disertación sobre la eutanasia. No, que nadie se asuste. La serie ni siquiera toma partido hacia un lado u otro; no le interesa. Sólo busca una premisa cómica en el suicidio asistido. Para hacerse una idea, la máquina con la que el trío protagonista ayuda a sus clientes es bautizada como el “McFlurry de la muerte”.

Fármacos para estirar la pata

Scott: “Esta es la aguja, está esterilizada”.

Elroy Carrington, enfermo: “Me da igual si cojo el SIDA, voy a estar muerto”.

La cita representa a la perfección el humor negro que se gasta “Way to go”. Un humor presente en la herramienta para ayudar a morir al paciente, que está hecha a base de máquinas de helado y funciona con el medicamento para sacrificar perros,  y concentrado en los propios enfermos, tan vitalistas (o mejor decir “mortalistas”) y tan decididos a acabar con su vida que tienen que ayudar a los protagonistas a que les asistan en su muerte, pero siempre sin dejar de sonreír.

La sitcom de BBC no se detiene ni en las consecuencias legales ni morales de la eutanasia. Parece que la policía encuentra los cadáveres y, sin autopsia ni investigación, determina que murieron por una causa natural. Sólo al final la ficción echa mano de las consecuencias judiciales, y lo hace más buscando un nuevo conflicto que como una arista lícita de la eutanasia. Las dudas éticas de Scott (genialmente interpretado por Blake Harrison) no van más allá del segundo capítulo, donde es incapaz de entubar al enfermo sin vomitar, cuando paradójicamente el que quiere morir sufre precisamente un cáncer de estómago. Como se ve, la serie no entra a juzgar los casos de eutanasia, más bien pasa por encima de todas las cuestiones profundas que puedan restar comicidad a su premisa.

Way To Go

Kushell: resucitando actores, matando personajes

El guionista Bob Kushell (artífice entre otras comedias de “Anger Management”, la resurrección de Charlie Sheen tras la resaca de “Dos hombres y medio”) juega con las cartas destapadas. El creador firma una verdadera declaración de intenciones en la que reconoce que las situaciones de humor van a venir más por los tres protagonistas y menos por su peculiar forma de ganarse la vida. Lo que es una pena, porque las escenas más cómicas son las de los suicidios asistidos, que destilaban humor negro a raudales.

De hecho, conforme avanza la temporada, los casos de suicidio van perdiendo peso en favor de las tramas horizontales. Incluso la serie no tiene tan claro que todos los enfermos tengan que acabar con los pies por delante, lo que da lugar a algún deux ex machina más grande que una casa (aunque si nos lo venden como una felación, una sonrisa te roba). En cuanto a esa evolución de tramas y personajes, Scott resulta el más responsable y se torna en un Ted Mosby de la vida que busca a su chica perfecta, Cozzo lucha como puede contra su falta de madurez ya que está a punto de ser padre, y Joey tiene que hacer frente a su adicción por las apuestas y las mujeres. Al final son historias que hacen perder frescura y humor. Y en el último capítulo hasta se recurre a las flatulencias. Que sí, los pedos son muy graciosos, pero qué quieres que te diga, ya no son tan sofisticados ni originales como una broma de agujas esterilizadas para una eutanasia.

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