Con el futuro en el retrovisor, la vuelta de “Black Mirror”

4 Mar

TNT estrena esta noche en España la segunda temporada de “Black Mirror”. Con una floja midseason en Estados Unidos, la serie británica se ha ganado por derecho propio ser el acontecimiento televisivo del arranque de 2013. Los tres capítulos de la primera temporada fueron devastadores y llamaron la atención sobre los peligros de un futuro marcado por el abuso de las nuevas tecnologías. Los tres capítulos de esta segunda tanda siguen en esa misma línea, pero quizá resulten más escalofriantes porque han dejado de lado el futuro para empezar a hablar del presente.

blackk

Para entrar en materia, éstas son las cartas que juega Charlie Brooker en las nuevas historias. El primer capítulo, “Be right back”, cuenta cómo las redes sociales cambian definitivamente el curso de una pareja de enamorados. En “White bear”, la protagonista se despierta amnésica en un escenario marcado por la obsesión de filmar y compartir todo lo que nos rodea y el impacto diario al que nos vemos sometidos con las imágenes de violencia que vemos día a día. El último episodio, “The Waldo moment”, resulta una crítica a la clase política y a los medios de comunicación que se sirven de la utilización del hastío ciudadano con sus dirigentes para seguir controlando a la sociedad. Ya comentamos la exitosa vuelta de la serie de Channel 4, y a partir de aquí es inevitable analizar el segundo y el tercer capítulo sin caer en los spoilers.

El sádico show de Truman

Como en “Be right now”, el segundo capítulo nos habla de la dependencia de los dispositivos electrónicos. Y aquí habla de una dependencia en varios niveles. Por un lado tenemos una sociedad enajenada por la señal que han comenzado a emitir las televisiones. La imagen de una pieza blanca y chirriante mantiene a todas las personas pegadas a sus móviles, buscando el próximo brote de violencia, impasibles. Los que no se han visto afectados por esta señal han dado rienda suelta a su vena agresiva y se dedican a torturar a los pocos individuos que se mantienen conscientes y ni son “espectadores” ni “cazadores”. Es el caso de Victoria, la protagonista, que despierta sin saber quién es y sólo sabe que debe buscar a una niña.

black mirror white bear

Un giro de guión nos cambia toda la historia. La protagonista no busca a ninguna niña; recuerda la atrocidad que cometió contra esa chica: la grabó mientras su novio la mataba. Y el escenario zombi que se nos había presentado no es más que un mecanismo de tortura contra la protagonista, el White Bear Justice Park. Cada día resetean su cabeza y le hacen sufrir lo que le hizo a esa niña: la graban sin cesar mientras otro quiere matarla, para deleite de los asistentes. No hay una señal hipnótica, les hipnotiza el sadismo.

Sí, resulta perverso pensar que alguna gente pagaría por ser partícipe de la tortura de otra persona. Pero cada vez se afianza más en el pensamiento general esa idea de que los culpables paguen con su propia medicina. No es cuestión de mirar hacia el futuro, en España ya se han pedido recrudecimientos de la justicia ante sucesos especialmente dolorosos, como la desaparición de los niños José y Ruth o el asesinato de Marta del Castillo. Pero hay que tener cuidado de no perder la noción de justicia y que las víctimas se conviertan en verdugos.

Dibujo animado, dibujo indignado

Waldo es un muñeco de animación en 3D, el gran reclamo de un show de humor. Allí Waldo despliega un humor socarrón, verde y sin tapujos, con el que pone en el punto de mira a los políticos ingleses que pasan por el programa. Resulta tan popular entre los espectadores que el productor decide darle su propio espacio y graban un piloto en el que Waldo concurre a las elecciones al parlamento. La bola de nieve va creciendo hasta que el apoyo al dibujo animado rivaliza en las encuestas con el máximo favorito, al que rebate en las tertulias a base de insultos y burlas. A la gente le gusta porque es capaz de decir y hacer todo lo que ellos querrían decir y hacer; canaliza su frustración contra los políticos. Como se llega a decir, “Waldo no es real, pero es mucho más real que los políticos”. Pero a la vez, el humorista que pone voz a la animación empieza a cansarse de su creación y amenaza con enterrarlo. Una (no muy acertada) historia de amor con otra de las candidatas hace que el ser humano se dé cuenta de que tiene que acabar con la creación, aunque ya sea demasiado tarde. Las altas esferas de poder han encontrado en Waldo el arma perfecta para derrocar a la política y encontrar un nuevo yugo para aprovecharse de la sociedad.

black mirror waldo

El tercer capítulo, “The Waldo moment”, toca tangencialmente la frustración del anónimo creador respecto al éxito de su obra o los intereses económicos de las televisiones y los partidos políticos. Pero sobre todo el episodio habla de la utilización de una corriente ideológica contraria a la subordinación social para, precisamente, seguir utilizando a las personas de acuerdo a los intereses de unos pocos. Una idea que se exploró en “15 million merits” en un ámbito mediático y futurista, y que aquí se aplica a la situación actual de indignación política. Porque la sociedad descrita aquí por Charlie Brooker difiere muy poco de lo que hoy podemos ver en la calle. Porque si cambiamos a Waldo por Beppe Grillo, la historia deja de ser ficción y se convierte en portada de periódico con el auge del Movimiento 5 Estrellas en primera plana. Y que el mundo que se intuye en la última escena del episodio se cumpla, asusto un poco. O mucho.

Con estos dos capítulos (y también con el primero, donde el ser humano sucumbe emocionalmente ante las nuevas tecnologías), Brooker nos viene a advertir de algo así como que es fácil que nos utilicen cuando se recurre a la desesperación, la rabia, la sed de venganza…, a los instintos más bajos. Hay muchos impactos actuales que vamos tomando como hechos cotidianos y que tienden a narcotizar la sociedad. En ese estado podemos tomar decisiones equivocadas. “Black Mirror” nos muestra cuál puede ser el resultado. Vale…., Brooker puede tener una visión muy negativa y alarmista, pero desde luego ya nadie dirá que es futurista o improbable. Porque cada vez vemos más cerca por el retrovisor estos escenarios posibles, es ahora cuando tenemos que tomar las decisiones para elegir una carretera u otra. Que venga una serie de televisión a despertarnos es cuanto menos paradójico, sobre todo significativo. Si esto fuera una serie, ahora es cuando debería sonar tu teléfono, o el despertador… Y eso acojonaría.

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